El Castillo de Tales, localizado en una colina, se encuentra en ruinas y de él se conservan muy escasos restos. Se pueden observar: parte de un lienzo de sus murallas y entre la maleza, algunos basamentos de murallas, torres en muy mal estado y, en muchos casos, apenas visibles.
Se encuentra en este estado de ruina, abandonado y presa del olvido desde el siglo XIX..., donde fue escenario de la Primera Guerra Carlista, en 1839, cuando el ejército del general O'Donnell (tropas Liberales) derrotó a las tropas del general Cabrera (tropas Carlistas) atrincheradas en el Castillo de Tales.
Como consecuencia y a raíz de estos cruentos combates tanto el castillo como la población de Tales quedaron arrasadas y como recuerdo inolvidable aparece en el escudo de Tales una figura alusiva, consistente en un hombre armado con una piqueta que descarga golpes sobre los muros de su arruinado castillo en señal de destrucción.
Su núcleo urbano se sitúa en la ladera de una pequeña montaña a orillas del río Veo, en el valle que forman las últimas estribaciones del Parque Natural de la Sierra de Espadán y la llanura de la Plana.
Los orígenes de Tales (municipio de la provincia de Castellón) perteneciente a la Comunitat Valenciana (España) en la Comarca de la Plana Baixa, se corresponden con los de una antigua Alquería musulmana.
Consta en el Llibre del Repartiment, Vol. I y asientos nº 71, 820 y 1.208, que el monarca Jaime I efectúa una donación - que nada tiene que ver con la repoblación pues se trata de concesiones por las que el monarca premia a los que le ayudan en la conquista de Valencia - a favor del noble aragonés Ximén de Fóces a quien se le entrega la Alquería de Tales.
En 1242, una vez constituido el Reino de Valencia, Ximén de Fóces acude al servicio del rey Jaime I, cediendo la propiedad de Tales a favor del Guillém de Rocafort.
La población de la época estaba compuesta por dos comunidades: la musulmana y la cristiana, teniendo cada una de ellas su respectivo Alcalde y Cadí (Juez).
Para evitar problemas, el rey Jaime I concedía la Carta de Gracia y Seguridad, el 29 de Mayo de 1242.
Por esta Carta se respetaba toda la forma de vida de aquellos pueblos según tradición y religión musulmana, obligando a los cristianos a no molestarles ni a impedirles el practicar sus costumbres, así como se les respetaba sus mezquitas, escuelas, fiestas, cementerios y heredades, disfrutando casi de tres siglos de plena autonomía.








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